Hoy nos reunimos aquí en torno a un amigo quien al igual que todos nosotros defendió la franja roja del Adargoma.
Manuel Movilla Míguez, un buen día después de sus infortunios en tierras de Portugal y buscando mejorar en su vida profesional sacó un billete de barco para Palma de Mallorca, pero fíjense lo que son las cosas de la vida que el barco no lo envió a Palma de Mallorca precisamente, sino que lo trajo a Las Palmas de Gran Canaria. Ese dulce equívoco, esa confusión, nos permitió poder gozar de la cálida amistad de este gallego-canario. Nos imaginamos lo que pudo sentir nuestro amigo cuando de repente se ve deambulando por una ciudad desconocida a la que nunca pensó llegar. Pero he aquí que siempre a toda gente de bien cuando una puerta se le cierra, una ventana se le abre, y esa ventana abierta que encontró Manolo el gallego fue precisamente la del Adargoma. De la mano de un gran aficionado Pedro el cocinero del Hotel Parque, donde el gallego trabajaba como ayudante de cocina, Manolo recala por el Adargoma en el año 1964. En él se fija el gran caballero de la Lucha Canaria, Juanito Mujica, su primer entrenador, que observando sus condiciones físicas le enseña aquellas luchas propias para un hombre de su condición: cogida de muslo que sacaba por arriba, el toque para atrás y el toque por dentro etc. Allí se encontró con Santiago Ojeda, Miguelito Ruano, Fernando, Gildo, Arias, Lito, Padrón el Herreño, Apolinario, Clemente, Emilín y un largo etcétera, (disculpen a los que no hayan sido nombrados).
En aquella casa de familia que era el Adargoma, Manolo el gallego encontró acogida, calor y más que amigos halló hermanos. Al igual que nosotros se enamoró enseguida de la Lucha Canaria, se desesperaba cuando parecía que el reloj no corría a su favor y la jornada laboral todavía no acababa, deseando llegar cuanto antes a Educación y Descanso para practicar todas aquellas luchas que se le venían a la cabeza, mientras cortaba tomates, pelaba papas o picaba cebollas. Y gracias a los duros entrenamientos en Educación y Descanso doy en tierra con hombres importantes del momento como lo eran en el Vencedor Pepe Quintana o El Calabazas en el Maninidra.
Manuel Movilla Míguez, hombre constante, hombre noble, hombre de palabra, aún después de que por motivos de trabajo se trasladara al sur de la isla, subía a la capital para entrenar el día que libraba. De su arrojo, de su constancia son testimonios sus propios compañeros de época que hoy están aquí con él agasajándolo, porque si de una cosa el Adargoma le da gracias a Manolo el Gallego es que nos ha dado a todos una lección, porque de persona bien nacida es ser agradecida. Y él lo ha sido con el club que le tendió una mano a ese calzón de cocinero, porque después de su vuelta a la isla de Gran Canaria en 1994, tras muchísimos años fuera de ella, se decide un día visitar al club que lo acunó y allí se reencontró con uno de sus amigos y puntal de la época, Emilín, quien nunca ha abandonado a la familia del Adargoma. Siempre ha dicho el viejo, y yo comparto su afirmación: adargomista es el que está aquí. El que hace para que esto no se muera. Y decía que Manolo el gallego nos ha dado a todos una lección de adargomismo, porque él desde aquel día su mayor ilusión era reunir a todas aquellas personas que luchaban en su época para convidarlos en su restaurante O`canastro, y con ese gran agasajo, que ya se ha institucionalizado, una vez al año y ya somos más, nos reunimos todos aquellos que hemos formado parte de esta gran familia uniéndonos no solamente los de aquella época sino también los de otra. Y es que sin más, hoy aquí en La Geria nos hemos reunido luchadores, directivos, aficionados de las diferentes etapas en época federativa del equipo decano: gente de los 40, de los 50 de los 60, de los 70, de los 80, de los 90 y del nuevo milenio, todos en torno al amor que en su momento sentimos por el Adargoma. Por eso hoy el Adargoma homenajea al Gallego en agradecimiento por su desinteresada colaboración y por fomentar los vínculos de unión entre las diferentes generaciones de nuestro club. Permítanme decirles que hoy todos los que amamos al Adargoma, los que hemos sentido sus colores, los que hemos sudado su camisa, incluso los que nos hemos enfadado, no con el club ¡ojo!, sino con las personas que formamos o han formado parte del club, muchas veces por tonterías, por malos entendidos, les decía que hoy todos, sin excepción alguna, debemos preguntarnos ¿qué puedo hacer yo para devolverle al Adargoma todas aquellas enseñanzas que me han servido en mi vida y que me han abierto caminos? Yo creo que el Adargoma sólo espera que este acto que celebramos en homenaje al Gallego, que ha posibilitado el reencuentro entre viejos compañeros, reviviendo momentos imborrables, luchadas espectaculares y en el que nos llenamos de buenos propósitos no sea flor de un día. No debe ser flor de un día.
El Adargoma no quiere morir, El Adargoma no merece morir, la Lucha Canaria no debe morir. Nosotros hijos del Adargoma, nosotros hijos de la Lucha Canaria, Todos, debemos poner algo de nuestra parte para que esta institución decana siempre permanezca viva. Debemos hacer un pequeño sacrificio siendo socios del club y trayendo nuevos socios, pasando de vez en cuando por la sede, visitando su página web, su museo, aportando recuerdos, reuniéndonos dos o tres veces al año, sin miramientos, sin rencores, sino con alegría, con entusiasmo para que el club persevere en la historia y para gritar aquello que hoy es himno del Adargoma.
Eres cuna y eres padre / de valientes luchadores / que dieron en la arena / con muy bravos bregadores. Decano de lucha eres / nadie lo puede negar / blanca y roja tu camisa / como la sangre y la sal.
Manolo el gallego, muchas gracias porque con tu testimonio de amor al Adargoma has hecho posible que hoy pueda ser el comienzo del resurgir del Adargoma.