La selección juvenil de La Palma se proclamó este mediodía en Ingenio CAMPEONA del "Pancho Camurria" tras superar a la selección de Gran Canaria por 12 - 10. El equipo de la Isla Bonita demostró su potencial sobre la arena del terrero de "Los Molinillos" que quedó completamente desbordado y tuvo que cerrar sus puertas dejando fuera a muchos aficionados.
El definitivo 12 - 10 lo consiguió el luchador del Tegueste Mario Hernández al contrear una burra a la desesperada de Manuel Cano. Junto a Mario quedó en pie un inédito Jonay Riverol. Por Gran Canaria destacó el luchador del MAN Adargoma Miguel Hernández, quien tras tumbar a tres rivales terminó cediendo un empate a luchas con Iván Luis.
Gran Canaria luchó contra corriente
La Palma siempre llevó la manija del encuentro y demostró estar un nivel por encima del resto de selecciones juveniles de Canarias. A pesar de todo, Gran Canaria mostró sus credenciales y a base de sacrificio alcanzó la recta final del encuentro con un empate a ocho en el electrónico. Pero los palmeros no se amilanaron con el empuje grancanario potenciado por una entregada afición, y a partir de ese momento comenzaron a rubricar su segundo trofeo "Pancho Camurria". Primero Iván Luis superaba a Miguel Hernández, en la siguiente silla Kevin Acosta hacia lo propio con Beneharo Hernández, despegándose los eventuales locales irremediablemente en el marcador con la victoria de Mario Hernández sobre Tomás del Toro.
Kevin hizo el "trabajo sucio" quedando mutuamente eliminado con el referente grancanario Ismael Déniz, y brindando el título en bandeja de plata a su compañero Mario Hernández que posteriormente lo certificó luchando totalmente a la defensiva y con todo a favor con Manuel Cano. Ambos jugaron con fuego con las amonestaciones y finalmente Manuel lanzó una burra a la desesperada en la tercera brega que Mario vació diestramente para delirio de la afición blanquiazul.
Mucha emoción, menos espectáculo
La emoción y la tensión del momento suplieron la carencia de espectáculo en determinados momentos del encuentro. La recta final de la luchada estuvo monopolizada por las separadas y las amonestaciones, alargando la GRAN FINAL por encima de las dos horas. El desarrollo de la final fue una demostración en formato reducido de lo que desgraciadamente pasa en la lucha canaria, a mayor nivel de los luchadores menos espectáculo. Las primeras sillas maravillaron, las últimas aburrieron.