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Fecha de publicación: 05/01/2012
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Funeral y reconocimiento a "El Palmero"

De la mar el mero y de la lucha... ¡El Palmero! tituló Víctor Doreste

Funeral Alfredo Martín "El Palmero" (foto: Dácil Afonso)

  Sentido reconocimiento a Alfredo Martín "El Palmero" el día de su último adiós. La parroquia de La Candelaria, en el municipio grancanario de Ingenio, acogió ayer la celebración de la misa funeral ante las cenizas del genial luchador del Adargoma que falleció el pasado día 2 en Los Llanos de Aridane a los 88 años de edad.

  El historiador del Adargoma Pedro Padilla Quintana, y el que fuera también luchador del equipo decano Salvador Sánchez “Borito”, dedicaron unas calurosas palabras de reconocimiento al término de la celebración religiosa. En el acto de homenaje también intervinieron el ex vicepresidente regional Paco Afonso, el ex luchador del Adargoma Juan Coruña en nombre del cuerpo de Bomberos del que Alfredo fue sargento, y el alcalde de Ingenio Juan José Gil que cerró el breve acto que contó con el beneplácito del párroco D. Victorio Lorente Sánchez.

© El Agua Bendita santifica las cenizas de Alfredo Martín (foto: Dácil Afonso)
Borito (foto: Dácil Afonso) Juan Coruña (foto: Dácil Afonso)
© Salvador "Borito" (foto: Dácil Afonso) © Juan Coruña (foto: Dácil Afonso)

Reconocimiento del Adargoma

  En Los Barros, isla de La Palma, antesala a la Caldera de Taburiente, Alfredo me desgranaba en un cálido mes de agosto con mesura, ingenio y lucidez toda una vida dedicada a su gran pasión: la lucha canaria.  Y me contaba de sus  primeros recuerdos infantiles al calor de la lucha en una época de hambruna, elogiaba a su familia de luchadores     (sus padres y sus hermanos Juan y Polonio),  y me explicaba lo de su tercer apellido. Sí, porque junto con los de Martín y Acosta, Alfredo llevó con orgullo por todos los terreros del archipiélago, su tercer apellido: “El Palmero”.

  Entre buchitos de café y aromas de rubio americano su palabra pausada, clara y sencilla se emocionaba cuando evocaba con una memoria exquisita su llegada al Adargoma de Juanito Mujica, a quien siempre profesó un eterno agradecimiento por ser su gran maestro, consejero y amigo. Como él decía: El Palmero no hubiese sido El Palmero sin Juanito Mujica. La humanidad de Alfredo afloraba cuando hablaba de su época en el Adargoma, sus ojos se les llenaban de lágrimas, respiraba hondo y acababa diciendo:

Pedro Padilla evocando la figura de "El Palmero" (foto: Dácil Afonso)
© Pedro Padilla evocando la figura de "El Palmero" (foto: Dácil Afonso)

  “El Adargoma fue una escuela de luchadores. Se aprendía a luchar, era una academia de lucha… El Adargoma era una armonía de buenos momentos… Todos se apreciaban, todos se querían. Aquella franja roja la defendí yo siempre. Siempre estaré orgulloso de mi Adargoma.”

  “El Palmero” era algo espectacular, una auténtica figura que irrumpe en los terreros de la isla de Gran Canaria con un arte, antes nunca visto. Un genio encauzado al éxito, que huía de la derrota. Por eso, los realmente entendidos en lucha, admiradores del arte voceaban entre el público una máxima sobre la forma de luchar de “El Palmero”: “Si ustedes quieren saber lo que lucha el Palmero, fíjense cuando vaya caído, para que vean como lucha ese hombre.”
Alfredo me decía en su casa de las Alcaravaneras: “Yo luchaba agachadito y con las dos manos en el pantalón y ahí me venía la inspiración y me salían luchas que ni yo sabía. Y lo que le digo es verdad. Yo saqué una lucha en Lanzarote, impensable. Había tirado a Carampín y estaba con Matoso lucha a lucha. Y Matoso en la tercera, me hace una lucha que nunca se la había visto echar  en los entrenos: me viene al muslo y me saca por arriba. Yo iba ya caído y en el camino vi los dos tobillos de Matoso los cogí, di la vuelta en el aire y cuando cogí pie, me eché a correr y halé de los tobillos que me quedé con los dos pies de Matoso a la altura de mi pecho”.

  La historia deportiva de “El Palmero” está llena de anécdotas, de vivencias que permanecerán siempre en el recuerdo y en los libros que han glosado su vida. Rememoro una anécdota que me contó y que creo define enteramente su forma de ser:

“En una ocasión en la Plaza de Toros, yo estaba bien y había tirado al Pollo de los Naranjos. Mientras estaba cogiendo dinero del público, en las filas de los tinerfeños había tres hombres que querían salirme, y entre ellos estaban discutiendo para ver quién se ponía en silla. En eso, al llegar a la altura de ellos les digo: “¿Están todos enfadados? Miren todos juntos no, pero  uno a uno sí que los voy tirando.” Y oiga, tuve suerte y esa tarde los quité de en medio.”

  Así eran las cosas de El Palmero”, un hombre que cuando salía al terrero se transformaba. Su seguridad y su plena confianza en sí mismo, en sus posibilidades como luchador, le permitían desafiar a cualquiera que se pusiera delante.
 Hoy despedimos a uno de los más grandes de la lucha canaria, aquí en Ingenio, donde Alfredo quiso ser enterrado junto a su mujer Josefa, con la que compartió el  mayor éxito y logro de su vida, su hija María José.

  No quiero acabar este recuerdo sin homenajearle con el estribillo del himno de la lucha canaria de Elfidio Alonso interpretado por Los Sabandeños, en el que su nombre aparece entre los más grandes de la lucha canaria.
 El grande perdió, el chico ganó como ganaron Méndez, Angelito, Palmero y Camurria, antes rivales del peso mayor.

Alfredo  Martín Acosta “El Palmero”, descansa en paz.

En Ingenio, a 4 de enero de 2012

Juan José Gil (foto: Dácil Afonso) Paco Afonso (foto: Dácil Afonso)
© Juan José Gil (foto: Dácil Afonso) © Paco Afonso (foto: Dácil Afonso)
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