MUJER INSEGURA (CAPÍTULO PENÚLTIMO)
…Sin embargo, no hubo tan señal. La mujer insegura no percibió tal seguridad, de forma que se inhibió de arrojarse a los brazos de aquella persona. Poniendo de manifiesto una alineación de requisitos tan alterada que para que ese hecho tan formidable se produjera, antes debía beber de las aguas del sosiego existencial.
Las secuencias de la mujer insegura han sido las de juntarse con una persona que no amaba, pero que le proporcionaba la certeza de estar ahí siempre. Esperando, por otro lado, que con el tiempo, diera con el brebaje prodigioso del amor. Fenómeno, que en muy pocas ocasiones aparece de esa manera. Para dar rienda suelta, por omisión, y por ende, por una languidecida abnegación, a una búsqueda sigilosa, a veces hasta pusilánime, y desorientada, de todas esas sensaciones cuyo significado se sintetizan en el concepto amor. Tiempo después, durante un período de extraños sentimientos en el que se mezclan deseos furtivos, remordimientos, momentos de vacío, coqueteos, miedos, mentiras piadosas, reactivación sexual, etc., se llega a una fase de lucidez, en el que la mirada dubitativa focaliza su atención, principalmente en un hombre, de visos sugestivos. Pero en contrapartida, mitad por premonición, mitad por un recelo que atendía a determinadas fricciones, producto del desacople que ambos aún tenían, la mujer insegura se sumergió en una actitud de desafecto ante la posibilidad de ser abandonada en algún momento. Ante esto, un nuevo panorama, que en el fondo no cambia mucho del viejo, se le presentaba a la mujer insegura.
